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Registrado en el Tribunal de Milán, n° 197 de 25/06/2015

  • FRANCISCO MATURANA, EL HIJO PRÓDIGO DE ONCE CALDAS

    Hoy es hora de volver a casa. El entrenador más grande de la historia del fútbol colombiano, Francisco Pacho Maturana, regresa al lugar en el que había empezado su carrera como técnico, en Manizales con Once Caldas. Una historia única la de Maturana, que vivió su punto más alto hace muchos años.

    ¿Qué estaba haciendo en diciembre de 1989 Arrigo Sacchi, donde se ubican las montañas italianas, escuchando a un odontólogo que le explicaba la “Torre Sudamericana”? Así leída podría parecer la clásica pregunta de un millón de euros, pero, observando la respuesta, todo vuelve a tener sentido. El profeta de Fusignano sólo estaba escuchando hablar a Francisco Maturana, el médico entrenador que desafió al Milan con el Atlético Nacional en la final de la Copa Intercontinental de ese mismo año. Porque, regresando al tema, no se puede evitar de recordar que el fútbol hecho por pasitos, toques que parecen dar la vuelta atrás a la pelota que en realidad termina por convertirse en gol, tenían ya todas las características del fútbol moderno. Lo había inventado él, el amigo de Sacchi, mientras estaba actuando la profesión médica, porque la de jugador era considerada por su familia igual a cualquier otra actividad poco digna.

    Por suerte el uruguayo Cubilla a principios de los años ‘80 decidió entrar en el estudio donde practicaba Maturana y lo convenció de que su profunda inteligencia profunda futbolística, desarrollada en los campos de juego (fue defensor en el Atlético Nacional de Zubeldía, el mago del gran Estudiantes), no podía ser reemplazada con un par de herramientas esterilizadas. Y a partir de ese entonces, la historia deportiva de Colombia nunca habría permanecido igual. La primera tarea oficial Pacho la consiguió en 1986, cuando empezó a entrenar al Once Caldas, el equipo de la ciudad de Manizales. Un club humilde, pero que traería una evolución eterna. Maturana exigió formar un grupo de puros colombianos: los talentos del país debían ser valorados más. Así nació la generación futbolística de los “puros criollos”.

    Mi idea era la libertad. La única cosa por hacerse era desplegar cada jugador en la posición que prefería. Ese equipo era un grito de libertad. ¡Vamos a jugar! Perder o ganar es una posibilidad, pero vamos a tratar de hacerlo jugando»,

    dijo una vez recordando aquellos primeros días. La idea arrastrada por el médico fue la suerte del Atlético Nacional y de la Selección de Colombia desde 1987 en adelante. Maturana se destacó de inmediato por sus teorías y por su manera estricta de aplicarlas. De hecho, ni siquiera se hizo necesario ganar un trofeo para ser elegido por parte del club más importante de Medellín y del País entero. Una unión única, que llevó a resultados memorables. Maturana se encontró de repente a entrenar estrellas nacionales como René Higuita, Norberto Molina, Andrés Escobar, Luis Carlos Perea, Luis Fernando Herrera, John Tréllez, Leonel Álvarez, Gildardo Gómez y Albeiro Usuriaga. Pero jamás se dejó maravillar por los nombres: el mismo arquero dijo, con respecto al entrenador, que en el momento de su llegada se presentó con la austeridad, heredada de su padre, y exigió ver los baños y los vestuarios. No tenía ninguna intención de criticar la estructura, pero sí quiso asegurarse de que hubiera una higiene perfecta. Una manía de siempre, que hizo sonreír a los que estaban presentes. Pacho siempre ha sido un noble aunque con la sangre roja y con una grande atención por todo lo que pasa a su alrededor.

    La experimentación de su 4-4-2 que en fase de ataque se convierte en un 4-2-2-2 permitió a Colombia de cambiar su destino a nivel internacional y adelantar de algunas décadas el fútbol que marcó el siglo actual. En 1989 el Atlético Nacional ganó a los paraguayos de Olimpia y ganó la primera Copa Libertadores de su historia y la primera del fútbol colombiano.

    Nunca un equipo cafetero había llegado tan lejos.

    El éxito abrumó completamente a Maturana, que se despojó de su seriedad y empezó a celebrar visiblemente. También lo hizo la Federación Nacional que lo llamó para entrenar a la misma Colombia. Un nuevo reto para el DT, que comenzó a ganar cuando en el ’89, tras 28 años de ausencia, la selección sudamericana clasificó a la Copa del Mundo. Tal era la energía positiva y el sentido de pertenencia a una causa que llevaría a la cumbre de los sueños, que Maturana estableció con sus jugadores el récord de 27 encuentros en canchas internacionales sin sufrir ni una derrota. Sin embargo, no faltaron períodos negativos. Era la época en la que el narcotráfico lo mandaba todo y cada día el país estaba al borde de una guerra civil. Los campos de fútbol fueron de los terrenos de lucha más codiciados por los reyes de los carteles y Maturana fue acusado de tener contactos con el patrón del mal, Pablo Escobar. Con su entusiasmo habitual, el entrenador no se impresionó y dijo al respecto:

    La Selección es una cosa de interés público, no es mía, el fútbol es del pueblo. Fui a la cárcel para hablar con los presos sobre su selección, porque era de ellos también. Hablé con los padres, las monjas, porque esto no era mío, sino de todos. Hablé con todos y no fui político, ni terrorista, ni narcotraficante, ni santo cuando hablé con los curas. Fui y soy solo Pacho Maturana.”

    De ahí, no supo resistir a la llamada tan atractiva de Europa. Maturana tenía que seguir adelante, para hacer frente a una cultura diferente y difundir sus ideas. Probó suerte en Valladolid, pero la crisis financiera en la que estaba el club hizo que todo el esfuerzo fuese inútil. Más tarde Maturana estuvo a punto de fichar por el Real Madrid, pero al final prefirió ganar el campeonato con América de Cali y luego volver a su hogar. De hecho, la emoción más grande fue la que sintió durante las eliminatorias para el Mundial de 1993: Colombia derrotó a los gigantes del fútbol mundial, es decir a la Argentina de Basile, por 5 a 0. Los rivales quedaron desnudos en el estadio Monumental de River Plate, mientras que los Cafeteros se afirmaban bajo los ojos del mundo.

    Foto de portada ©pulzo.com
    Foto Maturana ©colombia.as.com
    Foto Atlético Nacional ©Twitter
    Foto Colombia ©imortaisdofutbol.com

    Sabrina Uccello

    Sabrina Uccello

    Giornalista pubblicista, laureata in Scienze della Comunicazione. Oggi, tra le altre cose, corrispondente in Italia per Radio Centro (Ecuador). Un occhio in Italia e l'altro in Sudamerica. Il calcio e la scrittura le sue passioni e (per fortuna) il suo lavoro.

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