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Registrado en el Tribunal de Milán, n° 197 de 25/06/2015

  • PINILLA Y EL ARTE DE LA CHILENA

    Cuando en Sheffield, en el lejano 1871, fueron puestas por escrito las Sheffield Rules, las reglas que por primera vez regularon el fútbol, se tomaron decisiones importantes. En particular, sobre el desarrollo del juego aéreo, que parecerá una locura para la futura escuela londinense.

    Pero el fútbol, especialmente el rioplatense, añadirá un componente técnico espectacular destinado a hacer divertir al público, algo que faltaba en Sheffield y Londres. Una contribución esencial llegó también por parte del entonces joven y acerbo fútbol chileno. Todo nació por una intuición de Ramón Unzaga, un vasco crecido en Chile, donde trabajaba como contador en la mina Schwager. Después de haber probado el fútbol en un partido con unos colegas, decidió dejar de un lado la natación y la carrera, que eran sus pasiones. El club más famoso en el que jugó fue la Escuela Chorera. Con esta camiseta, en 1916, volteó su cuerpo, y cambió totalmente algunas convicciones inglesas y la manera de entender el juego del fútbol. Puso los pies donde, habitualmente, se ponía la cabeza. El gesto fue llamado Chorera, en homenaje al club. Era un gesto raro, controvertido y sobre todo no convencional.

    Tan anti convencional que no podía ser comprendido por todos, un problema al que los grandes innovadores de la historia tienen siempre que enfrentarse.

    Durante un partido en 1918 el árbitro sancionó como falta cada tentativo de Chorera, o mejor dicho Chilena, como ya habían empezado a escribir los periodistas argentinos. Unzaga protestó y fue expulsado por el juez: los dos arreglará el asunto “a patadas” después del partido y el juez irá K.O. en la primera ronda.

     PINILLA

    La Chilena, como otras grandes invenciones, sobrevivió a su creador y a sus detractores. Será perfeccionada y llevada a la leyenda por David Arellano, que podría ser considerado uno de los padres putativos del fútbol chileno. Delantero bastante prolífico, dirigente iluminado y revolucionario de la pelota: Arellano fue esto y mucho más. Debido a las escasas perspectivas que ofrecía el panorama futbolístico chileno, Arellano creó su propio club, al que dio el nombre de Colo Colo, un jefe tribal amerindio que fue capaz de vencer a los españoles en el siglo XVI.

    Casi cien años después de Unzaga, a más o menos de noventa de la trágica y prematura muerte de Arellano, un capítulo inesperado fue añadido a la maravillosa historia de la Chilena. Y el bolígrafo, o mejor, el pie que lo ha escrito pertenece a otro chileno que se formó en el club históricamente rival del Colo Colo.

    Mauricio Pinilla, surgido de las juveniles de la Universidad de Chile, es uno de los mejores intérpretes de la Chilena, un gesto técnico que puede resumir su carrera. Porque la historia futbolística de Pinilla, seguido por muchas expectativas y etiquetado como heredero de Salas y Zamorano, conoció una fuerte desaceleración cuando llegó a Europa.

    “Estuve de gira por muchos años, era un niño. Tenía la mentalidad equivocada y escapé a la menor dificultad. Ahora me arrepiento un poco, si yo hubiera estado más centrado y profesional podría tener otra carrera”

    dijo hace dos años en una entrevista.

    Cambiar el punto de observación de la realidad puede significar cambiar vida. Futbolísticamente hablando, Pinilla empezó nuevamente a mirar el mundo al revés. Como había hecho en el lejano mes de octubre de 2003, en el 3-1 de Chile a Paraguay en un amistoso sub-23. En Grosseto nació nuevamente, ganándose la máxima división italiana a través de muchos goles (24 en 24 partidos jugados). Luego las etapas de Palermo, Cagliari, Genoa y Atalanta, la llamada de Marcelo Bielsa y el gradual regreso a la selección chilena.

    pinilla

    En el medio de todo esto hubo dos triunfos en Copa América y una conmovedora eliminación en los cuartos de final del Mundial brasileño, ante los anfitriones. En aquel partido, Pinilla logró casi el ingreso directo al Panteón del fútbol de su país, pateando, después de una combinación con Alexis Sánchez, de manera violenta hacia la portería de Júlio Cesar.

    Un soplo de viento o una intervención de los dioses no lo premiaron, la pelota golpeó en el travesaño y luego volvió al campo ahogando el grito de un pueblo entero.

    Es un momento que Pinilla quiso tatuarse en su cuerpo, como para recordarse cual fue el punto más alto de su carrera. En la temporada pasada marcó el 11° gol de chilena, un número impresionante.

    “Siempre me han salido muy fáciles las acrobacias. La chilena es muy linda, los hinchas aprecian. Intento siempre hacerla, sin pensar”.

    Un gesto contra las convenciones, emociona verlo, emociona vivirlo. Un gesto antiguo que viene desde lejos pero que tiene olor a casa, empieza con Ramón Unzaga y David Arellano y llega hasta Mauricio Ricardo Pinilla, Pinigol o El acróbata.

    Agradecemos a Umbro por el material foto y video.

    Davide Zanelli

    Davide Zanelli

    Nato a Brescia, studia Storia a Milano. Giornalista e autore per MondoFutbol, scrive di calcio anche per Calcioscopio, di cui è fondatore, e per il Giornale di Brescia. Ha sempre giocato a basket, poi ha visto una doppietta di Baggio dal vivo e le cose sono cambiate.

    Hay un comentario.

    • Alex Alija Čizmić
      Alex Alija Čizmić
      2 octubre 2016, 14:05

      No todos los jugadores llegaron al mundo del fútbol para conseguir éxitos y ganar títulos. Hay unos personajes que serán recordados por su creatividad, por su locura, por sus innovaciones y porque de todas maneras contribuyeron al espectáculo de este juego. Mauricio «Pinigol» Pinilla es uno de ellos, la Chilena (o Chorera) seguirá siendo uno de los gestos técnicos más apreciados y deseados también gracias a él.

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