La Copa Libertadores 2017 entre el viejo y el nuevo formato

El 3 de octubre pasado la CONMEBOL emitió un comunicado histórico: la Copa Libertadores rompe con la tradición y cambiará de formato a partir de 2017.

La confederación sudamericana de fútbol, cuya sede está en Paraguay, el País donde nació Nicolás Leoz que fue el presidente durante casi treinta años, decidió uniformar el calendario de las competiciones internacionales (también la Copa Sudamericana será reformada) con los de todos los países del continente.

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En los últimos años aprendimos a aceptar el hecho de que para mejorar es necesario innovar y que ésto muchas veces perjudica a la tradición. Y la de la Copa Libertadores no es de poca importancia.

Si la Champions League es el torneo para clubes más rico y prestigioso y el con el mayor nivel técnico-táctico, la Libertadores es seguramente la competición que ofrece mayor equilibrio y emociones intensas, porque está impregnada por aquella pasión indescriptible que desde siempre intentamos descifrar.

Constante proveedora de historias alimentadas por sus diferencias geográficas, culturales, futbolísticas (y no solo eso) por las que el Subcontinente está formado, la Libertadores tratará de renovarse manteniendo intacto su sustrato originario.

Desde el próximo año tendremos que decir adiós al viejo sistema semestral de la Copa, nacida como Copa de los Campeones de América en 1960, después de la aprobación de la asamblea de todas las confederaciones en la que solo los uruguayos votaron en contra, porque según su opinión ese nuevo certamen dificultaba el desarrollo del Campeonato Sudamericano de Naciones (el antecedente de la actual Copa América).

Y tendremos que explicar a Alberto Spencer, el máximo goleador de la historia de la competición, que la Copa más deseada se estructurará siguiendo un calendario anual, de enero a noviembre.

Tendremos que reportar a Osvaldo Zubeldía, el conductor del Estudiantes de los años 60 y 70, el conjunto de laboratorio que por primero logró conseguir tres títulos de forma consecutiva, que los equipos participantes aumentarán de 38 a 47, para facilitar la adición de otros equipos procedentes de los países mas poderosos y también de los menos considerados. Y sería oportuno avisar también a Carlos Borges, el primer marcador de la Copa con el Peñarol. el primer ganador del trofeo, en el lejano 19 de abril de 1960.

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En cambio, contar a Carlos Bianchi, el técnico héroe de Vélez Sarsfield en 1994 pero sobre todo pluricampeón con el Boca Juniors a comienzos del nuevo milenio, que los equipos mexicanos decidieron renunciar por incoherencias con su calendario, será seguramente menos complicado. Así como contárselo a Ricardo Bochini, el ídolo de Maradona, el que iluminó el camino del único equipo capaz de ganar el trofeo cuatro veces seguidas, el Independiente de Avellaneda.

Pues ahora fijémonos, justamente, en el nuevo formato. Empezará a finales de enero con una fase preliminar compuesta por tres partidos a eliminación directa en los que se enfrentarán seis clubes procedentes de Bolivia, Ecuador (la representante será el Independiente del Valle, la sorpresa de la pasada edición), Paraguay, Perú, Uruguay y Venezuela. Sucesivamente los tres equipos ganadores se juntarán a otras 13 instituciones para disputar la segunda fase, ocho encuentros también a eliminación directa. Luego los ochos ganadores se medirán en cuatro partidos secos para acceder a la fase de grupos, donde los esperan 26 clubes ya clasificados.

Entre los equipos que jugarán la fase preliminar se encuentra el Colo-Colo, que en 1991 triunfó por primera vez gracias al único entrenador no sudamericano que logró este éxito, un croata que hablaba castellano sin utilizar preposiciones, Mirko Jozić.

Otra anécdota para destacar pertenece al Atlético Tucumán: la modificación del formato sorprendió a la federación argentina que para asignar el nuevo cupo introdujo como criterio la elección del mejor tercer equipo de los dos grupos que compusieron el campeonato 2016 y por lo tanto el Decano dejó afuera a Independiente, el Rey de Copas con siete títulos.

Ricardo Bochini, El Bocha

El resto permanecerá igual. Pero en un futuro muy cercano está previsto convertir la final en un partido único a disputar en campo neutral, que en este momento no seria realizable por razones de logística, infraestructuras y seguridad.

¿Y quien se lo dirá al Campeón del Siglo de 1966, liderado por el portero Ladislao Mazurkiewicz, por Pablo Forlán (el papá de Diego), y por el sobre mencionado Spencer, o al Flamengo de Zico de 1981, que podría desaparecer una eventual tercera final, mejor conocido como “desempate”, a jugar en campo neutral después de una victoria por parte?

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Los grupos ya fueron sorteados el 21 de diciembre pero obviamente no podrán ser completados hasta que no se dispute la fase preliminar. Si excluimos al Atlético Nacional, que probablemente es el único y verdadero conjunto insuperable (una consideración muy lábil en Sudamérica), los equipos más interesantes parecen tres clubes que volvieron a ganar a nivel nacional y que ahora quisieran hacerlo en ámbito continental: el Palmeiras que se despidió del técnico Cuca, que lo llevó al título después de mucho tiempo, el Independiente Santa Fe de Costas o el Barcelona de Guayaquil del extravagante presidente Cevallos. Sin olvidar la historia trágica, pero al mismo tiempo llena de esperanza, de la Chapecoense, que tendrá que rearmar una plantilla entera antes de subir al terreno de juego.

A pesar de las modificaciones aportadas, la innovación no nos privará de asistir a la magia de la Copa. Ésta es la mística de Sudamérica, y ésta no se puede borrar.