El increíble Deportivo Alavés de Mauricio Pellegrino

El fenómeno de la temporada. Mauricio Pellegrino nunca pensó serlo y tampoco lo pensó la gente del lugar donde el Flaco llegó para dar una vuelta total a su carrera de entrenador.
Vitoria-Gasteiz es una ciudad particular, donde las cosas parecen ir al revés, en comparación con los cánones convencionales: es la capital del País Vasco, sede del Gobierno y del Parlamento de la Comunidad Autónoma, pero todos consideran Bilbao la verdadera ciudad principal. Hay una cultura deportiva muy arraigada, se compite en alto nivel y el motor es representado por el club de baloncesto, el Saski-Baskonia que juega en Euroliga y es incluso el propietario del club futbolístico, aquel Deportivo Alavés que irrumpió en la escena internacional en 2001 cuando llegó de manera sorprendente a la final de la Copa de la UEFA y la perdió de forma tanto cruel como espectacular, 4-5 en el gol de oro frente a Liverpool.

A un paso de la historia, o mejor dicho: en la historia, pero con una derrota. Y con el grande orgullo de haber estado ahí.

Luego El Glorioso cayó abajo, al abismo: descendió hasta la tercera división y estuvo al borde de la quiebra, problemas aparentemente sin solución. Hasta la primavera de 2011, el momento del encuentro entre fútbol y baloncesto que sirvió de propulsor para la vuelta a la cumbre del Deportivo Alavés: la figura es la de Josean Querejeta, ex jugador de baloncesto y presidente del Baskonia desde 1988, que después de haber llevado al club de basket de la ciudad a la élite nacional e internacional, decidió intentarlo también con la institución futbolera.

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Y ahora, menos de seis años más tarde, recoge los frutos de su trabajo. La figura de Querejeta es importante: no le gusta aparecer, quizás por el legado de sus años de formación en un colegio de Frailes Benedictinos de su pueblo, un lugar en el que la ciclicidad del tiempo era controlada por la severidad de las reglas y alimentada por una de las bibliotecas más importantes de la región.

Ora et labora, en su sentido más directo.

Pero tiene las ideas muy claras, sino no habría empezado a construir su carrera de hombre de negocios con tan sólo 22 años y en el pleno de su brillante trayectoria como jugador de baloncesto. En particular, adopta un método de gestión que por un lado encaja perfectamente en la tradición de aquella tierra (involucrar los más posible a la comunidad, crear identidad alrededor del equipo y sacar del territorio los recursos económicos) y por el otro va totalmente en controtendencia en comparación con, por ejemplo, la autarquía del Athletic Club. Es suficiente que el verano pasado, después de haber completado el ascenso hasta la Primera División, la decisión de los directivos fue tajante: agradecieron al equipo que había ganado el campeonato de Segunda y pasaron completamente página.
Llegaron dieciocho nuevos jugadores y cambió incluso el entrenador: de Bordalás, técnico del ascenso y figura muy apreciada no sólo en los alrededores de Mendizorroza, a Mauricio Pellegrino. Un profesional que ya había estado en Vitoria para cerrar su excelente trayectoria como futbolista y que por lo tanto ya tenía una idea precisa de donde iría, pero que como técnico venía de dos experiencias negativas en Argentina con Estudiantes e Independiente, había ya fracasado en su oportunidad de oro en los difíciles tiempos de Valencia y que en su currículum presume un profundo aprendizaje en la escuela de Rafa Benítez, no exactamente el entrenador más popular del momento…

La Coruna - Alaves

Una elección firme y particular, pero no tanto como la de construir un equipo completamente nuevo y una plantilla con nueve nacionalidades diferentes: igual que hizo con el Baskonia, el presidente Querejeta decidió fichar jugadores poco conocidos, pero con perspectivas de crecimiento significativas (para que sea posible programar una futura ganancia no sólo en términos deportivos) y con el hambre de quien quiere llegar. Dicho esto, en verano eran muy pocos los que habrían apostado por este Alavés totalmente revolucionado, también porque los primeros tres partidos de visitante presentes en el calendario habrían tenido lugar en el Vicente Calderón, en el Camp Nou y en el Mestalla. Tal vez también por esto, pero seguramente no sólo, la primera declaración publica de Mauricio fue:

Entrenar el Alavés en Primera es un reto”.

Un reto que decidió jugar hablando poco y trabajando sobre conceptos simples pero sólidos, como cuando actuaba de líder defensivo en Vélez o Valencia.
Las piedras angulares de su filosofía futbolística son: el orden antes que nada, máximo compromiso en todo momento y el conjunto como concepto que permite a cada individuo surgir. Exactamente la misma filosofía del club. Evidentemente, es también la llave para convertir un prototipo indescifrable en una máquina capaz de acelerar a fondo desde el principio, de partir imponiendo el empate (1-1) al Atlético Madrid en el debut y venciendo en el Camp Nou dos semanas más tarde, algo que el Alavés había logrado sólo en otra ocasión en casi un siglo de historia: en febrero de 2000, un año antes de la gran campaña en Copa de la UEFA.

Lo que, en cambio, nunca habían hecho los aficionados del Glorioso era reservar un viaje para la final de Copa del Rey – el 27 de mayo de 2017 -, cortesía de la agencia de viajes de ensueño “Pellegrino&Co.”.

Frente al Barcelona, claro, pero con la posibilidad de ganar un trofeo y volver a una competición europea. La imaginación está ya volando en las cabezas de cada aficionado blanquiazul.

Alaves vs Celta Vigo - Coppa del Re

Pero el equipo creado por Pellegrino está hecho de la materia opuesta: pragmatismo, convicción y grande atención. Es un equipo muy dotado físicamente, intenso y muy flexible, que se posiciona con un 4-2-3-1 armónico y compacto, deja con gusto la posesión del balón al rival, presiona de manera perfectamente coordinada y hace daño en contragolpe.
Un equipo que tiene un valor de más o menos seis millones, gastados para armar un grupo perfectamente homogéneo, basado fundamentalmente en tres perfiles de futbolistas diferentes: la experiencia es ofrecida por jugadores ya formados pero que aún no se sienten éxitosos, que sirven de fuerza motriz fundamental pero sin buscar protagonismo fin a si mismo: el ejemplo más claro es el del delantero brasileño Deyverson, incomparable animador del grupo y punto de referencia ofensivo capaz de asegurar goles y sacrificio para el equipo. Son iguales personas como Ibai Gómez y Édgar Méndez, inteligentes extremos que poseen muy buena técnica y una indispensable alma obrera forjada durante un difícil período de mentoría.

En particular el vasco, uno que había impresionado a Marcelo Bielsa en los tiempos del Athletic y que pedía, casi suplicaba, la oportunidad de un proyecto que creyera en sus cualidades.

Estas figuras, junto con jugadores secundarios determinantes como el veterano Alexis Ruano que volvió de Turquía y Daniel Torres procedente de Bogotá, se revelaron soldados simples capaces de convertirse en coroneles, para conducir a la batalla a las brillantes jóvenes reclutas especializadas.
Los jóvenes prometedores del Alavés se merecen una reflexión más detallada, porque creo que harán hablar de sí en el próximo decenio: son cuatro, todos llegados a préstamo, todos en condiciones de dar un salto de calidad notable en estos meses bajo las órdenes del Flaco.
Dos vienen del Real Madrid, son el portero Fernando Pacheco – que con Ancelotti debutó también en el primer equipo y que con veintitrés años tuvo el coraje de marcharse para encontrar su camino, primero disputando una gran temporada en Segunda en Alavés y luego confirmándose en Liga – y el mediocampista Marcos Llorente, un muchacho que exuda madridismo por todas partes por ser hijo de Paco Llorente y bisnieto del leyendario Gento y que en esta primera temporada entre los grandes ya ha mostrado muy buenas habilidades pero sobre todo una visión de juego y una serenidad sorprendentes para un chico nacido en 1995. Y que ahora puede aspirar legítimamente a volver a casa para vestir la camiseta blanca.

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El tercero llega de Levante, se llama Víctor Camarasa y el club valenciano, después del deprimente descenso del año pasado, decidió, con visión, cederlo a préstamo al Alavés para permitirle seguir jugando en el mejor campeonato del mundo. Es un volante con llegada, intensidad y técnica, puede ser comprado por los vascos (o por cualquier otro club) por doce millones y la impresión es que el verano que viene – cuando se decidirá sobre su futuro – habrá ganancias para todos.
Pero la promesa más grande es el lateral izquierdo franco-español de propiedad del Atlético Madrid: Theo Hernández, hermano menor del colchonero Lucas e hijo de otro ex blanquirrojo Jean-François Hernández.

Lo definieron un joven Bale, porque – a pesar de haber nacido en 1997 – es ya uno de los laterales más constantes, emocionantes y contundentes del campeonato.

Todavía tiene que crecer y sobre todo limitar su agresividad (Aleix Vidal se lesionó un tobillo en un duelo con él), pero es evidente que será uno de los protagonistas de la primera temporada del Atlético Madrid en el nuevo estadio de La Peineta.
Hay además un enlace entre pasado y presente, un hilo pequeño pero fuerte que teje la fibra del grupo dándole una sustancia fundamental. La componen el central defensivo Víctor Laguardia (de nombre y hecho…) que empezó como reserva por la llegada de los refuerzos pero ha estado capaz de reconquistar muy pronto un rol primario en el centro de la defensa por su imprescindible mentalidad de hierro, el lateral derecho Kiko Femenia – ex atacante talentoso del Barcelona que nunca surgió realmente hasta que no tuvo la humildad de replantearse carrilero, tanto es así que ya está destinado a jugar la Premier League con la camiseta del Watford -, el inoxidable Toquero, un delantero sin goles pero con un corazón que le permitió convertirse en ídolo antes en Bilbao y luego en Vitoria, y el capitan Manu García, crecido en las tribunas de Mendizorroza y en cuyo casillero en el vestuario hay fotos de los capitanes más ilustres de la historia del club, el que, en el minuto 95 del primer partido del campeonato, marcó ante el Atlético Madrid desde más de treinta metros (con la derecha a pesar de ser zurdo puro), sellando el primer, sorprendente y profético acto de la temporada.

Atletico Madrid vs. Deportivo - Liga

Todo esto contribuyó a formar un sistema que empezó a funcionar desde el principio y que refleja su éxito en los números y en el hecho de resultar inmediatamente comprensible para cualquiera: un claro ejemplo es el grande talento Óscar Romero, llegado en enero después de haber salido muy rápido de la liga china por el cambio de reglas sobre el utilizo de extranjeros y puesto enseguida en condiciones de aportar su contribución, que por ahora es el de subir considerablemente el nivel cualitativo del banquillo, pero que de cara al final de la temporada podría convertirse en una arma decisiva.

Siempre de conformidad con un club que actúa apostando por el trabajo y las ideas, por pocas palabras y mucha acción.

Como cuentan las historias del presidente Querejeta, del entrenador Pellegrino, de la ciudad de Vitoria-Gasteiz y de las caras que componen un grupo que está escribiendo otra vez la historia del Deportivo Alavés. Soñando siempre, pero sin pretensiones y sobre todo sin rendirse.
Porque, a pesar del epílogo, la historia de este Alavés ya nos gusta tal como es.

Foto de portada, Pellegrino, celebraciones en semifinal de Copa del Rey y gol de Manu Garcia ©LaPresse
Foto Querejeta ©EuroLeague.net
Foto Marcos y Paco Llorente y Gento ©Real Madrid